
Las altas temperaturas del verano no solo afectan a las personas, sino también a los medicamentos. El calor extremo puede alterar su composición, reducir su eficacia e incluso comprometer su seguridad si no se conservan en las condiciones adecuadas. Por ello, es fundamental seguir las instrucciones de almacenamiento indicadas en el envase o en el prospecto.
La mayoría de los medicamentos deben mantenerse por debajo de los 25 °C o 30 °C, mientras que otros requieren refrigeración entre 2 °C y 8 °C. En cualquier caso, no deben dejarse expuestos al sol ni en el interior del coche, donde la temperatura puede alcanzar valores muy elevados en pocos minutos.
Durante los desplazamientos o las vacaciones, es recomendable transportar los medicamentos en un lugar fresco y protegido del calor. En el caso de aquellos que necesitan mantenerse refrigerados, conviene utilizar bolsas isotérmicas o neveras portátiles adecuadas, evitando siempre el contacto directo con acumuladores de hielo para impedir su congelación.

